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Guías del traspaso

Terraza, salida de humos y máquinas: lo que no se hereda

Portada: terraza, salida de humos y máquinas, los tres extras que no se heredan

La terraza, la salida de humos y las máquinas recreativas son tres cosas que todo el mundo da por incluidas en un traspaso y que no se heredan solas. La terraza tiene su propia autorización, la salida de humos puede no estar legalizada aunque lleve veinte años funcionando, y las máquinas suelen venir con un contrato de exclusividad que pasa al nuevo titular. Los tres se comprueban antes de firmar, no después.

La terraza va aparte

Es el error más caro de los tres, porque la terraza puede ser la mitad de la facturación de verano. La autorización de terraza es un permiso independiente de la licencia del local: tiene su propia superficie autorizada, su número de mesas, su horario y su temporada. Que hoy haya mesas fuera no significa que tú vayas a poder ponerlas.

Lo que hay que comprobar: que la autorización exista y esté vigente, cuántas mesas ampara exactamente —no cuántas hay puestas—, y qué hay que hacer para ponerla a tu nombre. En Madrid capital, además, la terraza se ve afectada por las condiciones de la zona: hay calles y horarios con limitaciones que no dependen del local.

Un aviso práctico: si el vendedor dice «la terraza está en trámite», eso no es una terraza. Es una expectativa, y no debería pagarse como si fuera un activo.

La salida de humos

Aquí está la diferencia entre poder cocinar y no poder. Una salida de humos legal tiene que cumplir requisitos de altura, de recorrido y de vecindad, y muchas de las que llevan años funcionando se instalaron cuando la normativa era otra o directamente sin declarar.

El problema aparece el día que hay una queja vecinal o una inspección: si no está legalizada, hay que rehacerla, y rehacer una salida de humos en un edificio de viviendas puede ser imposible sin el permiso de la comunidad. Entonces el local deja de poder tener cocina — y con ella se va buena parte del negocio.

Lo que vale la salida de humos se ve en el precio. En nuestra cartera, un bar ronda los 41.000 € de traspaso y un bar-restaurante los 99.000 €. Esa diferencia no está en los metros ni en los muebles: está en la licencia con cocina y en la salida de humos que la hace posible. Comprar el segundo precio con el primer permiso es el peor negocio posible.

Las máquinas recreativas

Las máquinas parecen un detalle menor —una fuente de ingresos extra, unos euros al mes— y son un contrato. Suelen llevar exclusividad, permanencia y a veces un dinero cobrado por adelantado por el anterior titular. Al entrar tú, heredas la obligación: no puedes cambiar de operadora hasta que venza, y si el negocio cierra antes, alguien tiene que devolver la parte proporcional de lo cobrado.

Nosotros lo comprobamos ficha por ficha antes de preparar cualquier contrato: cuántas máquinas hay, con qué operadora y hasta cuándo. Si no hay ninguna, la cláusula ni se incluye; si las hay, se detalla el régimen. Es exactamente el tipo de cosa que nadie pregunta y que aparece tres meses después de la firma.

Lo mismo vale para cerveza y café: los contratos de suministro con exclusividad funcionan igual, y son los que más veces nos hemos encontrado escondidos. Por eso están en la lista de documentos que exigimos al vendedor.

Qué preguntar en la visita

Estas tres cosas se detectan en diez minutos si sabes qué mirar, y ninguna requiere ser técnico:

  • En la terraza: cuenta las mesas que hay puestas y pregunta cuántas están autorizadas. Si el vendedor no lo sabe de memoria, mala señal: es un dato que todo hostelero conoce porque paga tasa por él.
  • En la cocina: mira dónde acaba el tubo de la campana. Si sube por la fachada en lugar de por un conducto interior hasta cubierta, pregunta por su legalización — es la instalación que más problemas da con los vecinos.
  • En las máquinas: pregunta con qué operadora trabaja y hasta cuándo. Si contesta «no sé, vinieron ellos», hay contrato y nadie lo ha leído.

Ninguna de las tres respuestas rompe una operación por sí sola. Lo que la rompe es descubrirlas después de firmar.

Cómo comprobarlo sin ser experto

  1. Pide el papel de cada cosa: autorización de terraza, legalización de la salida de humos y contratos con las operadoras. Tres documentos, tres preguntas.
  2. Compara lo que ves con lo que dice el papel: mesas autorizadas frente a mesas puestas, actividad amparada frente a lo que se cocina.
  3. Si algo falta, no lo pagues. El precio debe reflejar lo que se transmite de verdad. Una terraza sin autorización no vale lo que una autorizada.

Todo esto va antes de entregar dinero: primero los papeles, luego la señalización. Y encaja con lo que cuenta la guía sobre la licencia de actividad, porque al final los tres elementos dependen de que el permiso principal esté bien.

El proceso entero, en la guía completa del traspaso en Madrid.

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Esto es orientación general basada en nuestra experiencia, no asesoramiento jurídico ni fiscal para tu caso: antes de firmar, contrasta tu situación concreta con quien lleve la operación o con tu asesor.

Preguntas frecuentes

¿La terraza se incluye en el traspaso?

No automáticamente: es una autorización independiente que hay que poner a nombre del nuevo titular. Antes de firmar hay que ver que existe, que está vigente y cuántas mesas ampara.

¿Cómo sé si la salida de humos es legal?

Pidiendo la documentación de su legalización y comprobando que coincide con la instalación real. Que lleve años funcionando no significa que esté en regla: significa que todavía no ha habido una queja.

¿Tengo que quedarme con las máquinas recreativas?

Si hay un contrato con exclusividad en vigor, normalmente sí hasta que venza. Por eso hay que ver el contrato antes de firmar y dejar claro en el traspaso quién asume las obligaciones pendientes.

¿Puedo poner terraza si el local no la tiene?

Se puede solicitar, pero depende de la acera, de la calle y de las condiciones de la zona: no es automático ni rápido. Comprar contando con una terraza futura es asumir un riesgo que no está en el precio.

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